Abrir en archivo Acrobat (.pdf)
LOS CENTROS VIVOS
ALTERNATIVAS DE HÁBITAT EN LOS CENTROS ANTIGUOS DE LAS CIUDADES DE AMÉRICA LATINA
Planteamientos
de la Red XIV.b “Viviendo y Construyendo” del Programa Iberoamericano
de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo CYTED
Rosendo Mesías González / Alejandro Suárez Pareyón
Presentación
El texto que a continuación se desarrolla es el resultado de un trabajo
que se inició hace varios años con una idea compartida entre
varios integrantes de la Red XIV.b “Viviendo y Construyendo” del
Programa Iberoamericano de Ciencia y Tecnología para el Desarrollo
CYTED. En 1994 se trazaron sus primeros esbozos en La Habana, Cuba, durante
la segunda Asamblea General de la Red con la participación de Fernando
Carrión de Quito, Jorge Ruíz de Somocursio de Lima, Rosendo
Mesías de La Habana y Alejandro Suárez de la Ciudad de México,
quienes estaban interesados en el estudio de los problemas característicos
de las áreas centrales de las ciudades de América Latina, incluyendo
sus centros históricos. Después la idea se fue convirtiendo
en proyecto de investigación bajo la coordinación de Rosendo
Mesías y al cual se fueron incorporando otros integrantes de la Red.
En las posteriores asambleas realizadas en Quito y la Ciudad de México
el proyecto fue avanzando hasta que en 1997, con motivo de la asamblea que
tuvo lugar en Lima, el proyecto de investigación se ubicó definitivamente
en el tema de los centros históricos, adquiriendo el perfil que ahora
tiene.
La asamblea de Lima es un momento importante para el proyecto de investigación
porque la Red CYTED “Viviendo y Construyendo”, fue invitada a
contribuir a la realización del primer Encuentro de Alcaldes de América
Latina y el Caribe de Ciudades con Centros Históricos en Proceso de
Recuperación. La primera versión de Los Centros Vivos fue concebida
como un documento de motivación para los participantes en el encuentro,
al plantear temas de reflexión sobre la importancia de incluir en las
políticas públicas, la planeación estratégica
y la administración urbana, el concepto producción social
del hábitat y sus alternativas de desarrollo.
La estructura del documento Los Centros Vivos sigue la línea marcada
por los Postulados de la Red “Viviendo y Construyendo” de Cara
a la Conferencia Mundial sobre la Ciudad HABITAT II, documento precursor en
donde se reúnen los principios fundamentales que, compartidos por todos
los integrantes de la red de investigación, sirvieron para contribuir
a la reflexión y discusión en las reuniones nacionales, preparatorias
a la celebración de la gran conferencia HABITAT II realizada en 1996
en Estambul, Turquía.
Los Postulados de la Red XIV.b “Viviendo y Construyendo”
1. Todos los habitantes tienen derecho a la ciudad.
2. Reconociendo la diversidad urbana: sí a la integración, no a la exclusión.
3. La ciudad, un proceso de construcción permanente.
4. Ampliando la participación social.
5. Repensando el papel del Estado.
6. Gobiernos locales: entre la descentralización y la privatización.
7. Construyendo comunidades: el diseño y la tecnología.
8. Acceso al suelo urbano para todos.
9. Imaginando nuevas formas de financiamiento.
10. Por nuevas formas de cooperación internacional.
El texto de Los Centros
Vivos recoge los conceptos expresados en los Postulados y los desarrolla en
función de la temática propia de los centros históricos,
adicionalmente incluye también algunas de las ideas y propuestas que
han sido expuestas en las declaraciones de los tres encuentros de alcaldes
de América Latina y el Caribe de ciudades con centros históricos,
realizadas en Lima, La Habana y la Ciudad de México.
1. Los centros
de las ciudades latinoamericanas: la unidad de un modelo.
Desde el "encuentro casual" entre Europa y el Nuevo Mundo y durante
todo el siglo XVI, lo que hoy es para algunos Iberoamerica o América
Latina para otros, se constituye en un campo fértil para reproducir
el mundo europeo de ciudades y para experimentar la construcción de
utopías, unas veces respetando los principios de orden del espacio
construido por las culturas autóctonas, las más de las veces
destruyendo, reubicando poblaciones, implantando el nuevo modelo de producción
del espacio para fortalecer el desarrollo del sistema de dominación
colonial.
El imperio español construyó una vasta red de ciudades que aseguraban
el control territorial y el mantenimiento del vínculo con la metrópoli,
eso explica porque la mayor parte de los centros urbanos de la América
Hispánica actual se fundaron durante el siglo XVI.
Más que un hecho físico, la ciudad fue concebida como un instrumento
del proyecto colonial asentado sobre bases políticas, jurídicas,
teológicas y económicas establecidas en las Leyes de Indias.
Después de numerosos ensayos realizados a partir de 1502 en las islas
del Caribe, en México y la región andina, apareció seis
décadas más tarde la sistematización de la experiencia
urbanística colonial en las Ordenanzas de Felipe II, el marco institucional
con el cual se aseguró la unidad de un modelo y los principios de una
nueva sociedad. Las actas de fundación, los procedimientos para la
distribución de tierras y la constitución de ayuntamientos para
la organización municipal, fueron el soporte para la traza y la edificación
material de las ciudades de los conquistadores.
Algunos centros históricos como los de La Habana, México, Lima
o Quito, conservan todavía la riqueza de las expresiones ideológicas
y materiales de la cultura del período colonial, la traza rectora,
la definición de manzanas y lotes, la ubicación y uso de los
espacios públicos, quizá también la organización
de las unidades barriales y por supuesto las edificaciones civiles y religiosas.
Durante el siglo XVIII con la consolidación del poder mercantil el
sistema político europeo se encuentra en franco proceso de transformación,
la necesidad de conocer y experimentar impulsa los vientos del cambio, las
ciudades se convierten en lugares de producción de nuevas ideas y de
formación de sociedades locales. Surge entonces una burguesía
urbana criolla que se encargará más delante de llevar a cabo
las revoluciones urbanas del siglo XIX y transformará el orden formal
de la ciudad de Indias, imprimiéndole un nuevo sello.
En el siglo XIX la mayor parte de las posesiones coloniales de España
se han separado del imperio y como países independientes se abren,
por decisión propia o forzados por las circunstancias, a las nuevas
potencias comerciales y militares del mundo. Las ciudades coloniales de América
Latina transitan hacia la ciudad burguesa, las capitales portuarias constatan
la prosperidad y los cambios que caracterizan este período: Río
de Janeiro, Montevideo, Panamá, La Habana, Buenos Aires e incluso Caracas
y Lima (por La Guaira y El Callao), con otras modalidades las grandes ciudades
de tierra adentro (México, por ejemplo) dan cuenta de ese período
de prosperidad relacionado con las nuevas formas de explotación de
los recursos naturales, única riqueza disponible para su desarrollo.
En pocos años, 20 o 30 ciudades constituyen la armazón de una
nueva cultura urbana en torno a la "ideología
del progreso".
Es el tiempo de los primeros ensanches urbanos y también de las primeras
acciones de transformación de las áreas centrales, son los primeros
proyectos de renovación urbana que conoce el continente. Algunos centros
tradicionales fueron objeto de proyectos de ordenamiento urbano
inspirados en mayor o menor medida en las transformaciones de las ciudades
europeas, --en el París de Haussman o en la Barcelona de Cerdá-.
Se impuso sobre la arquitectura colonial el estilo ecléctico tardío,
hoy predominante sobre la trama urbana de esos ensanches o sobre la traza
original de Indias con una intensa ocupación del suelo.
Al final del siglo XIX y durante la primera mitad del siglo XX las ciudades
se transforman por el aporte de inmigraciones diferentes, por el desarrollo
de enclaves industriales y nuevas construcciones y servicios urbanos. El aumento
de población va acompañado de la segregación urbana,
las clases populares afirman su presencia sobre áreas cada vez más
extensas pero en condiciones inferiores a las existentes en los espacios ocupados
por las clases de medias y altas. Paulatinamente la ciudad tradicional se
fue transformado en una "ciudad de masas".
En la mayoría de las ciudades el centro cambia de función, las
familias con mayor nivel económico emigran hacia nuevos barrios elegantes,
producto de la parcelación de propiedades rurales mejor ubicadas,
mientras en los centros se intensifica el uso del suelo a través de
la subdivisión de casonas y palacetes que dan cabida a viviendas combinadas
con comercios y servicios. Los propios dueños o los especuladores urbanos
impulsaron el negocio inquilinario de lo que con distintos nombres significa
lo mismo en nuestro continente: mesones, conventillos, ciudadelas,
etcétera. Paralelamente en los nuevos edificios habitacionales
que surgieron en la trama consolidada o en las zonas de crecimiento popular
aparecen, inspiradas en el referente anterior, tipologías conocidas
como casa de vecindad, cuartería, etcétera, la primera manifestación
de hábitat de masas que ofrece el mercado inmobiliario en nuestro
continente; sin embargo, en las aglomeraciones menores la estructura
urbana colonial se mantuvo casi sin cambios.
Hacia la mitad del siglo XX los centros urbanos de las grandes ciudades comienzan
a experimentar un proceso de deterioro progresivo, algunos de los cuales apenas
empiezan a recuperarse en fechas recientes. Las áreas centrales que
se habían convertido en espacios receptores de población migrante,
por efecto de refuncionalización de la ciudad, comienzan a vaciarse
de su población residente, siendo algunas áreas periféricas
las que pasan a ser los espacios alternativos para recibir a las nuevas masas
inmigrantes. Así las expansiones metropolitanas son comunes durante
la segunda mitad del siglo XX.
La recuperación de los centros antiguos de las ciudades latinoamericanas
como política de desarrollo urbano es un fenómeno reciente,
quizá de las dos últimas décadas del siglo, reconocer
el valor patrimonial de los espacios urbanos antiguos y proponer alternativas
para su aprovechamiento integral es hoy uno de los paradigmas de la planeación
y de la gestión de casi todas las ciudades de América Latina.
2. De la gran
ciudad al área central.
El fenómeno de la hiperurbanización observado en las principales
ciudades de América Latina, obliga a repensar seriamente los modelos
de desarrollo urbano experimentados durante más de medio siglo.
Las sociedades de los países latinoamericanos transitan por senderos
de modernización, que implican entre otras cosas hacer eficiente el
funcionamiento de las ciudades, pero esto implica cambiar los criterios
de prioridades de atención y de asignación de recursos financieros,
poniendo ahora también el énfasis en aquellos espacios
de la ciudad que por largo tiempo han sido olvidados; esto significa hacer
objeto de políticas públicas la recuperación y el mejoramiento
de territorios en donde existen inversiones históricamente acumuladas.
En la mayoría de las áreas centrales antiguas de las ciudades
latinoamericanas existen condiciones para aprovechar espacios construidos,
equipamientos e infraestructuras del pasado a costos menores o equivalentes
a los nuevos desarrollos, con la ventaja añadida de la recuperación
del patrimonio histórico y cultural de las respectivas ciudades
y naciones.
Sin embargo, la tendencia general ha sido la de preferir o dejar hacer
el modelo de crecimiento expansivo, con la consiguiente extensión de
servicios, redes de infraestructura y soluciones habitacionales periféricas,
en contraposición a la promoción de un modelo de mayor racionalidad
en el uso del espacio previamente construido y de la posible expansión
espacial con carácter selectivo. Esta tendencia a mas de ser costosa
ha demostrado, en la experiencia latinoamericana, la acentuación de
la segregación y la exclusión de los beneficios del desarrollo
de amplios sectores de población.
3. La paradoja
de la marginalidad social desde la centralidad física.
Las áreas centrales antiguas como parte de un proceso constante e intenso
de transformación y sobreutilización, experimentan la pérdida
de valores originales, aumento de riesgos de siniestros y afectaciones de
confort ambiental. La problemática de la precariedad social y edilicia
de las áreas centrales contribuye a la profundización de la
pobreza con los consecuentes efectos en la proliferación de la delincuencia,
la violencia, el deterioro ambiental, y manifestaciones extremas de degradación
de la vida tales como mendicidad, prostitución, drogadicción,
niños en la calle y personas sin techo viviendo en calles y portales.
Al mismo tiempo por su estratégica localización en el corazón
mismo de las ciudades, han sido los escenarios ideales para la reproducción
de la actividad económica informal, expresada de manera muy clara a
través del comercio callejero.
Se constituye así una paradoja de nuestras ciudades: la marginalidad
social desde la centralidad física.
La desvalorización en que se encuentran muchas de las áreas
centrales antiguas de las ciudades de América Latina permite el asentamiento
de grupos sociales desfavorecidos económicamente, quienes tienen ahí
una alternativa de vida, probablemente en condiciones potencialmente más
favorables que en las periferias. La dinámica de estos sectores populares,
como autoproductores, ha desempeñado un rol importante en la configuración
actual de muchas de estas áreas y en las adecuaciones de los viejos
edificios que permiten resolver necesidades básicas con recursos limitados.
De esta forma, las viejas edificaciones, otrora palacetes de familias
adineradas o diseñadas ex profeso para una ocupación intensa,
representan una suerte de suelo barato estratificado en altura y utilizado
a niveles más intensos que en la periferia.
Sin embargo, en épocas relativamente recientes los centros han comenzado
a experimentar una revalorización como espacios de calidad para operaciones
inmobiliarias y de terciarizacion, procesos a través de los cuales
e independientemente de los mejores estándares que ofrezcan, están
provocando la expulsión involuntaria o "voluntaria"
(mediante míseros pagos por la propiedad o el derecho al suelo) de
sus residentes, quedando como áreas carentes de vida, fenómeno
especialmente percibido en horarios nocturnos.
Frente a esta tendencia deben adaptarse políticas que propicien modelos
de intervención que mantengan la población residente y que atraigan
nuevos ocupantes, proponiendo soluciones habitacionales financieramente viables
para la capacidad económica de la población objetivo, con densidades
adecuadas y en equilibrio con el resto de los usos que demanda la ciudad,
pues la recuperación de estas áreas para la función habitacional
es condición indispensable para que los centros se mantengan
vivos.
4. La producción
social del hábitat en las áreas centrales.
La producción social del hábitat es una forma de expresión
de la cultura urbana, mediante la cual amplios sectores de población,
esencialmente asentados en las zonas periurbanas y céntricas de las
antiguas ciudades, van creando y transformando sus propias soluciones
habitacionales, dando forma al espacio urbano comunitario de sus asentamientos
y construyendo la ciudad en su conjunto.
La ciudad está en proceso de construcción permanente y las áreas
centrales no están excluidas de ese hecho que se manifiesta a través
de los procesos de renovación, formales o por vía de la producción
social. La historia nos muestra cómo la producción social del
hábitat urbano produjo la mayor parte de las ciudades de la antigüedad
y cómo fue que hasta el transcurso del presente siglo se fue marcando
la diferencia entre la producción "formal"
y la producción "informal". Actualmente se piensa que
las más claras expresiones de la producción social del espacio
habitable se encuentran en los crecimientos periféricos; sin embargo,
la suma de las distintas transformaciones tipológicas que han ocurrido
en los edificios que podemos clasificar como palacetes y casas señoriales
de nuestros centros históricos ya habían producido, en
un pasado no muy lejano, lo que conocemos en los distintos países latinoamericanos
como conventillos, vecindades, mesones, ciudadelas, etcétera, edificios
que muestran un proceso de transformación a cargo de sus propios ocupantes
aún más intenso que lo producido por los hacedores de las
periferias. Esto lo podemos ejemplificar con las múltiples formas de
transformación al interior de los viejos edificios, consistentes en
subdivisiones verticales del espacio habitable para ampliar la superficie
aprovechable de las unidades de vivienda con las llamadas barbacoas cubanas
o los tapancos mexicanos, y los añadidos hacia espacios colectivos
llamados ampliaciones en Cuba o nuevas, pero precarias viviendas, conocidas
como cuartos de azotea en México. Estas lecciones constatan el rol
desempeñado por la producción social del hábitat
en la transformación y uso de los centros antiguos, legitimándolas
como parte inexcluible de su historia.
Por estas razones, resulta poco convincente considerar como irregulares, subnormales
o informales, los resultados del esfuerzo de la gente por adaptar las áreas
céntricas antiguas a sus necesidades y sobretodo considerando su limitada
disponibilidad de recursos. Esto sería una percepción superficial,
y por tanto excluyente, pues negaría el derecho y la oportunidad de
aportar la energía, la creatividad y la inventiva de las familias residentes
al proyecto de recuperación de las áreas centrales.
Sobre esta base, creemos que el modelo de intervención a aplicar en
estas áreas deberá integrar los esfuerzos y responsabilidades
de los residentes, brindándoles apoyo a través de sistemas públicos
integrados que contemplen la existencia o la creación de instrumentos
legales, financieros, administrativos, fiscales, de asesoría técnica
y de fomento, fundamentados todos en la lógica y práctica sociales
de producción y gestión territorial. Igualmente importante resultará
la aplicación de una concepción tecnológica afín
a estas prácticas que sea coherente con la recuperación del
patrimonio urbano edilicio.
5. Calidad del
hábitat.
Durante muchos años, las áreas centrales de América Latina
han dado muestras crecientes de decaimiento de los niveles de calidad
del hábitat construido, dejando sentir la falta de programas de mantenimiento
y recuperación de sus espacios públicos e inmuebles con una
visión integral que comprenda el valor patrimonial y la utilidad contemporánea.
En forma general resaltan hechos contradictorios que muestran como en las
áreas centrales predominan las condiciones habitables inseguras, insalubres
y precarias, en donde los alojamientos suelen tener espacios limitados, con
deficiencias funcionales y de diseño, resultado impuesto desde un inicio
por las intensas, baratas e improvisadas adaptaciones de los viejos inmuebles,
como secuencia lógica del indiscriminado y primitivo proceso de especulación
e intensa explotación del suelo a que fueron sometidas estas áreas
por el mercado inmobiliario. Y frente a esas evidencias no existen inversiones
públicas o privadas dirigidas a transformar esa realidad.
En contraposición, quienes si han actuado a su manera y en la medida
de sus posibilidades han sido los propios habitantes, pero las masivas intervenciones
que han tenido lugar en estas áreas a mano de sus pobladores deben
valorarse de forma crítica y constructiva, reconociendo sus errores
y deficiencias a la vez que sus logros, creatividad y aciertos, superando
también las apreciaciones superficiales que señalan como caóticos,
precarios o subnormales a los espacios producidos en condiciones de pobreza.
Por otra parte, junto a esos factores degradantes de las condiciones de vida
en las áreas centrales, deben también tomarse en cuenta las
afectaciones medioambientales provocadas por factores propios del funcionamiento
urbano en su conjunto, son los casos típicos de la concentración
de actividades comerciales y de servicios, la ineficiente administración
del tráfico vehicular y la proliferación de actividades productivas
no compatibles que pueden ser fuentes potenciales de emisiones contaminantes
al suelo, agua y atmósfera, problemas que son tan característicos
de las áreas antiguas de las ciudades de América Latina.
Es por todo lo anterior que se afirma: ningún proceso de intervención
podrá legitimarse y sostenerse si no incorpora, desde el principio,
acciones y programas de renovación urbana destinados a la destugurización,
la regenearación de condiciones para la vida social en los espacios
públicos, el mejoramiento de la infraestructura técnica y social,
la recuperación ambiental y la generación de ofertas de
empleo dirigidas al mejoramiento del ingreso de las personas que viven o trabajan
en las áreas antiguas de la ciudad.
Si como voluntad colectiva de una ciudad se aspira a la recuperación
de la vida urbana de los centros históricos, deberán revisarse
los criterios conservacionistas a ultranza o las concepciones del funcionalismo
simplista que impiden dar respuesta al desafío que representa recuperar
el patrimonio histórico y su función como soporte del hábitat
de amplios sectores de población.
Para lograr esa meta se requiere promover normas de convivencia y una solidaridad
vecinal que salvaguarde los derechos individuales y colectivos, potenciando,
además, el acceso a un espacio público seguro, destinado al
libre tránsito, la recreación, la convivencia y el descanso,
permitiendo, cuando así resulte conveniente a los intereses de la ciudad,
su gestión social bajo formas específicas de control social
y vinculado al uso residencial. Se reconoce que este es un aspecto esencial,
pero difícil de resolver en territorios zonas donde entran en conflicto
diversos intereses sobre zonas caracterizadas por el déficit de
satisfactores sociales y urbanos, dado el alto índice de ocupación
del suelo con fines especulativos y la presencia de edificios patrimoniales.
6. Acceso al
suelo urbano para todos. La expulsión del centro y la expansión
de las periferias.
La crisis urbana que afrontaron las ciudades latinoamericanas durante
el siglo XX, resultado del crecimiento demográfico y la expansión
territorial, provocó que la mayor parte de la población con
menores ingresos que no pudo acceder al suelo urbano a través del mercado
legal lo hiciera mediante mecanismos no formales -como sus únicas posibles
alternativas de sobrevivir en la ciudad-, estableciéndose en las
áreas periféricas o en los espacios centrales. En las
primeras conformaron extensos asentamientos con carencia o insuficiencia
de servicios, altos riesgos ambientales, frágiles ante eventos destructivos
y altos grados de precariedad legal; mientras en los centros históricos
y áreas circundantes su ocupación se caracterizó por
un intensivo uso del suelo a partir de una indiscriminada subdivisión
de las superficies en sentido vertical de las viejas edificaciones o
la densificación al límite en las soluciones habitacionales
diseñadas para tales fines hace algunos decenios. Pero lo que distingue
definitivamente a estas áreas centrales de las periferias es su ubicación
privilegiada en la ciudad, el nivel de infraestructuras disponibles tanto
técnica y de servicios (aunque requieran urgente renovación),
el valor del ambiente urbano y, por tanto, el carácter privado del
suelo. Factores que de forma concatenada representan una amenaza para la permanencia
de la población de menores ingresos que históricamente ha habitado
y dado vida a los barrios centrales, siendo parte inseparable de su historia.
Cada vez cobra más fuerza en las ciudades de América Latina
el interés por recuperar sus centros históricos, interés
público que siempre está acompañado por otros intereses más
redituables desde el punto de vista de las inversiones inmobiliarias y comerciales.
La tendencia es a terciarizar fuertemente estas áreas, independientemente
de los estándares que determinen las coyunturas específicas.
Otros experimentan de forma generalizada, o a la par de la terciarización,
procesos de especulación inmobiliaria a través de los cuales
se promueven residencias de alto estándar, instalaciones turísticas
y servicios de apoyo, todo lo cual bajo una fiebre o moda por los centros.
Estos procesos exacerban los intereses de propietarios de inmuebles, generalmente
precarios, que sentencian o aceleran su demolición con fines especulativos
y con la consiguiente expulsión de los inquilinos.
Por eso la construcción de una ciudad equitativa y sustentable obliga
a revisar la lógica de producción que genera los mecanismos
de exclusión urbana, a fin de encontrar nuevas vías que permitan
recuperar la función social del suelo y la propiedad urbana, redistribuyendo
los beneficios del desarrollo urbano y facilitando el acceso al suelo a todos
los sectores sociales. En esta línea se considera insoslayable
proponer: nuevas formas de planificar y construir la ciudad, considerando
el protagonismo central de los ciudadanos, dentro del marco de nuevas
reglas más justas y democráticas, que hagan el reconocimiento
físico y jurídico del territorio urbano construido
por la gente, lo que implica la consolidación en las condiciones
de habitabilidad y la seguridad de la tenencia de la tierra, así como
el involucramiento responsable de todos los actores sociales, en una acción
concertada donde el gobierno local cumpla un rol estratégico en el
manejo del suelo urbano para salvaguardar el carácter sustentable y
equitativo del desarrollo.
7. Gestion administrativa.
La intervención en las áreas centrales exige la existencia de
una autoridad con una visión integradora que interprete la condición
del área central como parte del sistema urbano y le asegure una organización
y administración responsable tal como ocurre con la estructura de los
gobiernos locales. La gestión de los centros históricos obliga
a dotarlos de un marco jurídico general, que fije responsabilidades,
competencias de los distintos niveles de gobierno, modelos de gestión
particulares, así como mecanismos de financiamiento, de participación
social y concertación ciudadana.
En el reconocimiento de las ciudades como Patrimonio Cultural de la Humanidad
por la UNESCO se demanda la existencia de planes, programas y proyectos, que
recojan una visión común de la colectividad y presenten una
imagen de futuro, para cuyo efecto es necesario disponer de un Plan Maestro,
que constituya una suerte de "carta de navegación" que permita
evitar el cruce de funciones y competencias, y que marque las condiciones
para el monitoreo del proceso.
Este planteamiento debe ser continuo, ágil flexible y con un diseño
que permita retroalimentación y adecuación progresiva. Es un
instrumento de gobierno y negociación que debe tomar como plataforma
de desplante la participación de los distintos sectores representativos
de la población que ahí habita, invierte o labora.
Al respecto, se requieren generar hechos "fundacionales" que garanticen
una legitimación social del proceso de rehabilitación y
desarrollo del centro histórico. Estos hechos fundacionales deben
descansar en referentes sociales y territoriales concretos, como
las unidades barriales, las instalaciones comunitarias o los espacios simbólicos
con ascendiente histórico y cultural.
Estos referentes requieren de la constitución de "gérmenes
motivadores de la sociedad local" que reconstituyan la heterogeneidad
social, de género, etnia y edad de los moradores, a partir de lo cual
se identifiquen áreas o ejes temáticos y se descubran grandes
ideales para la movilización y participación de actores que
unifiquen voluntades y generen consensos.
Estos criterios se sustentan en el reconocimiento de que la rehabilitación
del centro histórico es un proceso largo y complejo que inevitablemente
implica enfrentarlo de forma progresiva. La noción de progresividad
debe ser considerada a la hora de planificar, diseñar y poner en marcha
proyectos y procesos de participación de diversos actores.
Por otra parte, el Plan tiene ante sí el reto de lograr un equilibrio
entre hábitat y terciarización del área central, garantizar
la permanencia de la población a partir de la definición de
densidades reales y admisibles desde los puntos de vista funcionales
y financieros. En este sentido hacemos nuestro el lema de los moradores mexicanos
del barrio de Tepito, que frente a un plan de renovación urbana impuesto
sin consenso demandaban -"cambiar de casa pero no de barrio"-. Cuando
no existan alternativas para mantener a los moradores en su lugar de residencia,
deben crearse las condiciones adecuadas en el lugar a donde serán trasladados,
mediando previo acuerdo con los afectados.
En general el papel del Estado ha oscilado entre la actitud de “dejar
hacer, dejar pasar” y asumir posiciones centralistas y autoritarias.
Al paso de los años en las ciudades latinoamericanas se ha impuesto
la planificación urbana tecnocrática que fomenta la dualidad
antagónica pero complementaria de la ciudad de la legalidad y la ciudad
de la ilegalidad: la ciudad donde florece la especulación inmobiliaria,
donde predominan las soluciones habitacionales que privilegian el precio sobre
la calidad, donde se establecen relaciones entre gobierno-sociedad de
carácter paternalista o clientelar.
En ese contexto, las áreas centrales se han caracterizado por la ausencia
de programas de renovación urbana estables, integrales y en las magnitudes
requeridas. La tónica general de los programas habitacionales -cuando
han existido- ha sido la de priorizar la nueva construcción frente
a la recuperación de inmuebles. Excepcionalmente, en procesos coyunturales
como la reconstrucción después de los sismos de 1985 en la Ciudad
de México, se implementó un programa de renovación habitacional
muy extenso que llegó a producir o rehabilitar poco más
de 60 mil unidades de vivienda.
En contraste con el viejo modelo de desarrollo urbano, es alentador constatar
los resultados alcanzados durante la última década en varias
ciudades de América Latina: La Habana Vieja a través de la gestión
local de la Oficina del Historiador, así como a través de otros
programas colaterales impulsados por los municipios centrales en diferentes
barrios de la capital cubana. Los casos de las alcaldías de Quito y
Lima, la primera mostrando el manejo eficiente y eficaz de un crédito
concedido -excepcionalmente por el BID- para la recuperación
de una zona del centro histórico y la segunda, mostrando su capacidad
de gestión para reubicar el comercio informal y la realización
de varios proyectos de recuperación. Finalmente es importante
destacar la notable experiencia de planeación, gestión, promoción
de inversiones y realización de proyectos que ha impulsado el gobierno
de la Ciudad de México, a través de distintos organismos entre
los que destaca el Fideicomiso del Centro Histórico.
8. Participación
y solidaridad.
Para el logro de la sostenibilidad de los procesos de puesta en valor de los
centros históricos, se requiere la participación social
amplia, la solidaridad humana y las relaciones de reciprocidad. Es necesario
que esos valores se extiendan para formar parte sustancial de las nuevas relaciones
entre gobiernos nacionales y locales, y que estén presentes en
las relaciones entre los diversos actores de la ciudad, en los ámbitos
político, económico y cultural. Por lo tanto, la garantía
para la permanencia de los procesos de recuperación es asegurar la
participación ciudadana en sus diversas manifestaciones.
En consecuencia, resulta esencial reconocer el rol del movimiento popular
urbano que ha centrado sus luchas en los centros de las ciudades de América
Latina. Por ejemplo, en la Ciudad de México, durante la década
de los setenta, un grupo vecinal puesto frente al dilema de vivir en edificios
declarados de alto riesgo o someterse al incontenible proceso de renovación
que amenazaba con expulsar a toda la población del barrio, levantó
el lema de lucha –“moriremos en la Guerrero pero no aplastados”-,
y a continuación impulsó la realización del primer ejercicio
de planeación urbana participativa para la regeneración de la
Colonia Guerrero. Otra forma de lucha de la población para mantenerse
en el centro se hace evidente con el impacto alcanzado a través de
la masiva y generalizada producción social del espacio habitable en
la zona céntrica de La Habana.
9. Mecanismos
de financiamiento y manejo de recursos financieros.
Es un hecho que la rehabilitación del centro histórico es costosa
pero necesaria en virtud de que, por una parte es una responsabilidad histórico-social
y por otra, es el cúmulo de un patrimonio de inversiones acumuladas
a través de la historia, que debe aprovecharse en beneficio de
la ciudad en su conjunto.
El modelo de intervención para la recuperación de los centros
históricos debe poner énfasis en el desarrollo de mecanismos
de financiamiento diferenciados, de acuerdo a las líneas estratégicas
fijadas por el Plan Maestro. Esto quiere decir que dependiendo de su localización,
antecedentes históricos, potencial de desarrollo y tipología
de poblamiento, algunas zonas deberán ser objeto de programas de recuperación
o renovación impulsados por inversiones públicas y privadas
(nacionales e internacionales), otras tendrán que ser objeto exclusivo
de programas financiados por el presupuesto público y otras más
podrán financiar sus programas a través de un financiamiento
mixto en donde intervengan en forma concertada los recursos públicos,
privados, sociales y hasta los recursos internacionales. Y siempre y cuando
no se atente contra los símbolos culturales de las distintas naciones,
en los distintos programas se deberán priorizar los mecanismos
financieros que apunten a facilitar el aprovechamiento del patrimonio,
como fuente generadora de ingresos que permitan el autofinanciamiento
de los proyectos o la redistribución de beneficios a otras áreas
del espacio central.
A efectos de valorar y potenciar las intervenciones es importante realizar
una adecuada estimación de costos, beneficios y formas de recuperación
económica de las inversiones, considerando los diversos grados y formas
de intervención a través de procesos de participación
de los distintos actores en las diversas acciones que tendrán
lugar. En este sentido deben contemplarse también las especificidades
de los procesos de producción social del hábitat y considerar
su potencial aprovechamiento en la recuperación de los centros históricos.
Sin embargo para lograrlo es necesario superar un obstaculo importante: la
vivienda es uno de los componentes del desarrollo urbano más afectado
por las políticas de ajuste económico y es en los centros históricos
donde se refleja la mayor deficiencia de los sistemas financieros para la
vivienda.
En términos de la problemática de generación y gestión
de recursos financieros, se reconoce la necesidad de promover una reactivación
económica del territorio, que tenga sustentos reales y dinámicas
propias, que permitan la recuperación de inversiones y sostenibilidad
social en el tiempo. En cuanto al destino de los recursos obtenidos debe
darse atención especial a la erradicación de la pobreza,
la mejora de las condiciones de vida de los residentes y el saneamiento
del espacio público para uso de la ciudad.
En relación con la población residente, se deberá asegurar
su permanencia a partir de mejorar las condiciones de habitabilidad,
al tiempo de desarrollar acciones que permitan una reactivación
económica de las actividades del centro histórico, contribuyendo
así a una mejora de los ingresos y disponibilidad de recursos
de los vecinos para facilitar reinversiones en el mejoramiento de sus viviendas.
Se señala también como condición indispensable la existencia
de fondos para subsidios habitacionales con definición y aplicación
transparente, dado que el costo de reparación y de rehabilitación
de vivienda puede estar muy por encima de la capacidad económica
de los habitantes del centro histórico.
Deben también reconocerse los esfuerzos de los residentes en el proceso
de mejoramiento de sus condiciones de habitabilidad como una importante contribución
económica. De igual forma es importante la transparencia en la
gestión y manejo de los recursos financieros y deben reconocerse con
claridad las fuentes que generan los recursos, sus condiciones de aplicación
financiera, así como los procedimientos de administración
correspondientes.
La participación de la población beneficiada en la gestión
del proceso de aplicación del programa de recuperación o revitalización
del espacio habitable del centro deberá reflejarse también en
la planificación de los recursos, de manera tal, que se tenga voz y
voto en las decisiones de política de inversión, quedando asegurado
así el modelo de planeación presupuestal participativa y verificación
ciudadana de la aplicación del gasto social.
10. Los recursos
tecnológicos, materiales y el diseño.
Reconociendo el papel de la producción social del hábitat en
las áreas céntricas antiguas por más de medio siglo,
se puede considerar que todo proceso de intervención debe aprender
de sus aportes tecnológicos, incorporando lo valioso de estas prácticas,
mejorándolas y brindando alternativas, lo cual significa un reto dada
la complejidad para articular estas tecnologías con las que exigen
la conservación y renovación de las edificaciones antiguas a
las que se les ha reconocido valor patrimonial.
La inclusión de la gente en los procesos urbanos y habitacionales puede
garantizar la innovación en la producción social del espacio
de los centros históricos. La planeación urbana participativa,
el diseño participativo y la autogestión de los procesos productivos,
deben ser tomados en cuenta como verdaderas opciones tecnológicas de
gestión y operación, quedando pendiente trabajar el debate de
expertos en lo relativo a la “conservación”, la “restauración”
y la “adecuación con respeto mutuo” entre el patrimonio
edificado y la población residente.
Por otra parte, para impulsar la recuperación o revitalización
de los edificios antiguos es prioritario desarrollar la investigación
de tecnologías y materiales locales y tradicionales, que permitan ampliar
la gama de posibilidades de intervención en el centro histórico.
Sin embargo, hay que llamar la atención respecto al desfase entre los
ritmos de investigación y los requerimientos de urgencia de las obras
de rehabilitación. Este señalamiento es por demás significativo
porque lleva a poner en la mesa de discusión, de manera prioritaria,
la importancia de revisar el papel de las instituciones académicas
y científicas encargadas de promover e impulsar la investigación
científica y el desarrollo tecnológico.
Al respecto, es importante señalar que se pueden distinguir dos grandes
campos en las tecnologías constructivas. Por un lado las requeridas
para conservar la edificación y por la otra aquellas requeridas
para los nuevos usos o cambios tipológicos que se experimenten. En
ese sentido, es importante tener una visión más amplia sobre
el concepto de las tecnologías, no concibiendo a éstas
como el proceso de aplicación práctica del conocimiento
generado por las ciencias exactas, también llamadas "duras",
sino que, en una actitud francamente incluyente, incorporar las tecnologías
sociales, con aspectos como la planeación y organización del
proceso, las técnicas y los métodos de participación
social, la gestión de programas y la supervisión de la aplicación
de los financiamientos, enfoque que resulta determinante para el seguimiento
y apoyo a los procesos de producción social del hábitat.
También deben definirse estándares y tecnologías apropiadas
acordes a los actores vinculados al proceso de recuperación o renovación
urbana. Igualmente debe flexibilizarse el sistema normativo para permitir
los cambios que las dinámicas propias de las comunidades y las familias
requieran, dejando un campo a la creatividad del individuo, familia y comunidad
en la determinación de su espacio privado.
Otros aspectos a tener en cuenta pueden ser, por ejemplo, las soluciones de
alojamiento transitorio durante los momentos de intervención, la exploración
de alternativas de estandarización de modelos habitacionales y
de componentes en relación con los niveles económicos de los
moradores y que puedan, inclusive, ser manejables por los usuarios para intervenir
directamente en la producción y mejoramiento de sus propios espacios
vitales.
Igualmente importante es la definición y organización de las
entidades encargadas de ejecutar los programas habitacionales (planeación,
promoción, gestión, operación e incluso financiación)
en los centros históricos. En ese aspecto la estrategia más
adecuada es la creación de espacios o instancias de cogestión
en donde los distintos actores sociales compartan roles de acuerdo con
su capacidad y niveles de intervención.
Todo lo anterior lleva a realizar otras consideraciones y reflexiones como:
la disponibilidad de recursos humanos capacitados, tanto de asesoría
técnica, financiera y de promoción social, como de los propios
miembros de la comunidad beneficiada. Esta capacitación debe ser
parte de la creación de una cultura y arte de la rehabilitación
del espacio construido, generando conciencia individual y colectiva y estableciendo
estímulos para garantizar una participación estable de
técnicos y obreros capacitados, creando o recreando las costumbres
y tradiciones propias de esa nueva forma de hacer el espacio de la ciudad.
Este procedimiento debe ser motivo de una política pública que
incluya a la ciudadanía en su conjunto, una política incluyente
que tenga por objeto fortalecer la identidad del poblador que cotidianamente
vive y construye su ciudad.
Comentarios finales
El texto expuesto bajo el título Los Centros Vivos no es un trabajo
acabado, porque en las ciudades de América Latina con antecedentes
históricos el trabajo de recuperación de sus áreas centrales
y en particular de sus centros históricos apenas empieza.
Se trata de un movimiento político, social y cultural de enorme trascendencia
para el futuro de las ciudades, sin embargo la difusión de las experiencias
sobre el tema es todavía limitada, la discusión sobre los resultados
alcanzados y los procedimientos para llegar a ellos se ha quedado restringida
a los encuentros de funcionarios de gobiernos locales y a los círculos
de debate entre expertos de la conservación del patrimonio histórico
cultural.
Es por eso que iniciativas como las de los encuentros de alcaldes de ciudades
con centros históricos en proceso de recuperación, de la Red
de investigadores “Viviendo y Construyendo”, de organizaciones
no gubernamentales y de universidades de América Latina y el Caribe,
se constituyen en plataformas de desplante para construir un espacio de análisis
crítico, de reflexión colectiva y de proposición de alternativas
para hacer de los centros históricos lugares adecuados y dignos para
vivir.
Finalmente, los autores de este trabajo hemos intentado con ideas propias
y prestadas contribuir al conocimiento y la discusión de las diferentes
formas de hacer o rehacer el hábitat popular en las áreas centrales
antiguas y en los espacios declarados patrimonios nacionales y de la humanidad,
nuestro deseo y esperanza es que los lectores se sientan motivados a debatir,
rechazar o suscribir los postulados propuestos, participando así en
ese asunto de interés público que es la recuperación
de los centros de las ciudades para la vida individual y colectiva.
BIBLIOGRAFÍA
- América Latina:
una historia urbana, Graciela Schneier, revista Internacional de Ciencias
Sociales, UNESCO, septiembre de 1990.
- Declaración de Lima, Encuentro de Alcaldes de América Latina
y el Caribe de ciudades con centros históricos en proceso de recuperación,
Lima 12 y 13 de noviembre 1977.
- Declaración de La Habana, Encuentro de Alcaldes de América
Latina y el Caribe de ciudades con centros históricos en proceso de
recuperación, La Habana, Cuba, …….1998.
- Declaración de la Ciudad de México, Encuentro de Alcaldes
de América Latina y el Caribe de ciudades con centros históricos
en proceso de recuperación, Ciudad de México, 5 y 6 de abril
de 2000.
- El pueblo hacia Hábitat II. Documento de posición de las organizaciones
no gubernamentales y de bases. Segunda versión. Mayo 1995. Habitat
International Coalition HIC.
- Historia de la arquitectura y el urbanismo mexicanos, volúmen II,
el período virreinal, Coordinador Carlos Chanfón Olmos, Universidad
Nacional Autónoma de México y Fondo de Cultura Económica,
México 1997.
- La traza del centro histórico, huella de la evolución urbana
de la ciudad de México, Alberto González Pozo, publicado en
El centro histórico, ayer, hoy y mañana, Coordinadora
Cristina Barrios, Instituto Nacional de Antropología e Historia y Departamento
del Distrito Federal, México 1997.
- Las ciudades latinoamericanas, Richard M. Morse, 2 volúmenes, ediciones
SEPSETENTAS, México 1973.
- Los centros vivos: alternativas de hábitat en los centros antiguos
de las ciudades de América Latina. Planteamiento de la Red XIV.b "Viviendo
y Construyendo" CYTED (Versión preliminar) Rosendo Mesías
González y Alejandro Suárez Pareyón, Lima, Perú,
13 de noviembre 1997.
- Postulados de la Red "Viviendo y Construyendo" de cara a la Conferencia
Mundial sobre la ciudad. Hábitat II. Mario Lungo, Ninette Morales,
Marian Pérez, Alejandro Suárez, Centro de Investigaciones Ciudad,
Quito, Ecuador,1995.
- Relatoría del Seminario “Manejo y gestión de áreas
históricas de América Latina y el Caribe”. UNESCO, Oficina
del Historiador. La Habana, diciembre de 1995.
- Vivienda para todos. Retos de los Gobiernos del Mundo. Mayo de 1996. Habitat
International Coalition HIC.